Percy Arenas – Director Técnico
Fundación To Give Welfare – DASBIEN
Me pasó en el 2022. Club de fútbol profesional, provincia del norte. Jugador de veintitrés años —llamémoslo Kevin— con cinco temporadas en el primer equipo, dos títulos ganados, selección juvenil. Pero cuando lo conocí, estaba en licencia médica. No por lesión física. Por agotamiento existencial.
"He ganado todo lo que se gana acá. He jugado con dolor, con fiebre, con la rodilla hinchada. El técnico me decía 'guerrero', el presidente me decía 'ejemplo'. Y yo iba a mi casa y lloraba sin saber por qué. El último partido, marqué el gol del triunfo, y en el camerino no podía respirar. No era el esfuerzo. Era que nadie me preguntaba '¿estás bien?' Ni ellos, ni yo mismo. Solo '¿puedes jugar?'"
Kevin estaba en ZIE roja disfrazada de verde: Zona de Interacción Equilibrada que parecía funcionar —rendimiento deportivo, títulos, contrato renovado— pero que en realidad estaba rota en el tercer vértice. El club subjectivizaba al jugador como recurso deportivo: analizaba su rendimiento, optimizaba su entrenamiento, maximizaba su productividad. Intencionaba con "inversión": contratos, bonos, instalaciones. Pero no retroalimentaba: no verificaba si el cuidado llegaba como bienestar al jugador, ni si el proceso mismo de exigencia extrema estaba siendo vivido como desarrollo o como daño.
Y aquí entra la paradoja de la malevolencia de Figueroa (2026): el club no era malintencionado. Pero su práctica, al perseguir el bienestar propio —victoria, ingresos, prestigio— a costa del bienestar del jugador en el proceso, generaba daño colateral que no veía. La exigencia extrema, la presión constante, la reducción del atleta a "máquina de rendimiento": todo esto, aunque "eficaz", dejaba al jugador desgastado, deshumanizado, deseando no volver a sentir así.
Esto me llevó a preguntarme: ¿por qué los clubes pierden talento justo cuando más lo necesitan? ¿Por qué el jugador, aunque gane, no renueva, no recomienda, no construye lealtad? ¿Por qué el "ejemplo" termina en licencia, transferencia forzada, o peor, abandono prematuro de la carrera?
El mito del jugador guerrero
La cultura futbolística peruana glorifica al atleta "duro": el que no se queja, que juega lesionado, que "deja la vida" por los colores. Esta narrativa, aparentemente de compromiso, esconde una trampa: confunde la entrega deportiva con la autoanulación. El jugador se convierte en cuerpo rendimiento sin alma, en máquina de victoria que no es cuidada.
Pero la Teoría Dasbien es clara: toda relación sostenible requiere bienestar mutuo medido por ambas partes (Figueroa, 2025). Y la relación club-jugador, aunque asimétrica por contrato, no está exenta. El jugador necesita sentir que su desarrollo es acompañado, no solo explotado. Y el club, para sostener la capacidad de competir, necesita jugadores que quieran quedarse, no que aguanten hasta poder irse.
Cuando esto falla, aparece lo que Figueroa describe como malevolencia estructurada: no maldad consciente, sino daño sistematizado por la lógica misma de la competición. El club, en su afán de bienestar propio (victoria, ingresos, afición), genera daño en el jugador (lesiones crónicas, ansiedad, vacío existencial) que termina erosionando su propio bienestar (pérdida de talento, mala reputación, juicios laborales).
Kevin tenía títulos, pero no proyecto de vida. Tenía contrato, pero no lealtad. Tenía éxito deportivo, pero no sostenibilidad emocional.
Los tres síntomas de malevolencia estructurada en el fútbol
Basado en casos como Kevin, propongo señales detectables antes de la fuga de talento o el colapso físico:
| Síntoma | Indicador | Lo que el club no ve |
| Jugador "robótico" | Cumple en entrenamiento y partido, pero sin alegría, sin creatividad, sin conexión con compañeros | El atleta se ha desconectado para protegerse; la ZIE se rompe por exceso de exigencia sin contención |
| Éxito sin festejo | Gana pero no celebra, o celebra mecánicamente; el título no genera orgullo sino alivio de que terminó | El proceso fue tan dañino que el resultado no compensa; malevolencia estructurada en la "professionalidad" |
| Aislamiento del plantel | No habla con cuerpo técnico, no pide ayuda, no comparte dificultades; lesiones "misteriosas" que no mejoran | Ha aprendido que el club no responde al dolor del jugador; el sufrimiento se vuelve invisible y vergonzante |
Kevin tenía los tres. Pero el club solo medía: goles, asistencias, minutos jugados, valor de mercado.
Intervención: reconstruir la ZIE en el fútbol profesional
En otro club, similar en recursos pero distinto en cultura deportiva, apliqué un protocolo DASBIEN adaptado:
1. Subjectivizar al jugador más allá del rendimiento: la conversación de "qué quieres ser" No solo análisis de rendimiento, sino encuentro de proyecto vital: "Si terminas de jugar mañana, ¿qué quieres haber construido? ¿Qué necesitas de este club para eso?"
Respuesta reveladora de un delantero: "Quiero que mi hijo me recuerde, no por los goles, sino porque estuve. Pero ahora solo lo veo dormido." Información que cambia la gestión: horarios de entrenamiento que permitan desayuno familiar, presencia del jugador en eventos escolares de sus hijos.
No es fútbol amateur. Es intencionalidad ajustada: rendimiento de alto nivel que respeta proyecto de vida.
2. Intencionar ajustes de proceso: el entrenamiento con cuidado Diseñar cargas que minimicen daño acumulado: descanso obligatorio post-partido, evaluación psicológica semanal no punitiva, espacio para decir "no puedo hoy" sin perder titularidad. Y para el cuerpo técnico: supervisión de casos difíciles, espacio para decir "este jugador me preocupa" sin ser débil.
No es fútbol blando. Es ZIE sostenida: exigencia que cuida al que exige.
3. Retroalimentar sistemáticamente: la pregunta de cierre Al finalizar cada ciclo, misma pregunta: "¿El proceso fue para ti lo que esperabas? ¿Te sentiste cuidado? ¿Qué harías diferente?" Y para el jugador: "¿Este semestre nos dejó algo como club? ¿Necesitamos ajustar cómo trabajamos?"
El resultado: en dos temporadas, renovación de contratos subió 70%. No porque se pagara más, sino porque los jugadores querían quedarse. Y Kevin, en este club, reportó: "Ahora sé que cuando doy todo, alguien pregunta '¿cómo estás?'. Juego mejor."
Propuesta para clubes de fútbol: tres prácticas anti-malevolencia
Primera: el "jugador referente" del proceso
Designar un veterano que siga a los juveniles espiritualmente, que pregunte "¿cómo estás?" regularmente, que sea verificador de bienestar: no como "soplón", sino como hermano que cuida al cuidado.
Segunda: la "pausa de humanidad" obligatoria
En cada semana, reunión de plantel sin táctica: solo personas. "¿Qué nos dejó esta semana? ¿Qué nos costó?" —y permitir que el jugador diga "estoy vacío" sin perder titularidad.
Tercera: el registro de cuidado recíproco
Documentar no solo goles, sino actos de cuidado detectados: quién ayudó a quién, quién escuchó, quién resistió con dignidad una lesión. Nombrar esto en la charla técnica. Hacer visible lo invisible.
Cierre: el club que Kevin no tuvo
Kevin no volvió a jugar en su club anterior. Transfirió al extranjero, por más dinero, pero también porque no podía seguir donde nadie le preguntaba. Me escribió desde allá: "Extraño los títulos. Pero no extraño llorar solo en el camerino."
El club anterior lo perdió no por falta de talento. Por malevolencia estructurada no detectada. Por confundir victoria con cuidado. Por creer que un buen jugador es uno que no necesita ser preguntado.
La Teoría Dasbien, y la paradoja de la malevolencia, nos ofrecen salida: subjectivizar al atleta como persona con proyecto de vida, intencionar procesos que no destruyan para ganar, retroalimentar sistemáticamente para cerrar el circuito de bienestar mutuo.
Los clubes que quieran ser realmente grandes —no solo en títulos, sino en legado— necesitan incorporar esta dimensión. Antes de que otro Kevin se vaya al extranjero, o peor, deje de jugar.
Referencias
Figueroa Cárdenas, A. K. (2010). Das Bien. Fondo Editorial UNMSM.
Figueroa Cárdenas, A. K. (2025). Theory of Dasbien Life. Editorial Tecnologías Dasbien.
Figueroa Cárdenas, A. K. (2026). La paradoja de la malevolencia: cómo el daño interpersonal erosiona el propio bienestar psicológico del perpetrador. Documento de trabajo, Fundación To Give Welfare – DASBIEN.
Rice, S. M., Purcell, R., De Silva, S., Mawren, D., McGorry, P. D., & Parker, A. G. (2016). The mental health of elite athletes. Journal of Science and Medicine in Sport, 19(7), 585-594.